El pasado lunes asistí a un funeral de un familiar cercano. Tenía 48 años. Hoy, festivo y de camino al trabajo, me han asaltado de sopetón cuatro poemas en la calle (sí, 4). No sé si la escritura nos salva de la vida (y de nosotros mismos) o nos da un sentido para vivirla más o menos egoístamente. Soy de la opinión que lo escrito se lo debemos en cierto modo a alguien. También existen las afinidades emotivas... por aquellos que en un momento nos tendieron su mano sin pedir nada.
a Carles Duarte Montserrat
Este silencio
Este silencio
lágrima en fuga
lápiz de fuego
habla la lengua
de las puestas de sol
***
a Juan Carlos Mestre
Nos recibe
una casa roja
encendida
Nos recibe
una casa roja
encendida
a ráfagas trenzada
con llaves de aire y miel
nos conjuga
uno a uno
ángeles caídos
ángeles caídos
a cau d'orella
sil·labari libèrrim
huéspedes en gracia
a salvo del olvido
***
a Jordi y Marta
Otras lunas vendrán
nos llamarán
Otras lunas vendrán
nos llamarán
al calor de su lumbre
pronunciaremos en alto
nuestros nombres de pira:
sol luna precipicio...
los perros darán fe
de que una vez existimos
***
a José Corredor-Matheos
Cuida tu jardín
jardinero fiel
Cuida tu jardín
jardinero fiel
sella tu voz
sin amo ni tierra
a merced
del vuelo
del vuelo
y no olvides caer
a diario
Son poemas preciosos
ResponderSuprimirJoan: un placer aparecer contigo en la página de Jordi.
ResponderSuprimirVeo además por tus enlaces que tenemos otros amigos comunes: Olga Bernad, José Ángel Cilleruelo, Álex Chico...
Y mi querido Mestre, a quien dedicas ese hermoso e intenso poema.
Pdta.¡Qué bonito eso de las "afinidades emotivas"!
Un saludo.
Elías