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Calle de París en un día de
lluvia,
Gustave
Caillebotte (1877) |
la luz
besa con premura
los labios urbanos
de las sombras más sórdidas
sombras con paraguas
que aceleran el pulso
y miran de reojo
para no ser alcanzados
por quién sabe
qué resplandor
qué ángulo vivo
y palpitante
de humanidad
otras cabizbajas
desoyen su silencio
resplandeciente
trazando un surco lejano
de inocencia gravada
entre los adoquines.

Me encanta, Joan. Los adoquines callan. Suspiro, lluvia.
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